domingo, 24 de enero de 2010

Huacachina día 3. Boogie-boogie

Nos despertamos al mediodía y fuimos directo a la pile de nuevo y, para variar, después almorzamos en lo de Arturo y, luego, de vuelta a la pile.
A la tarde Lu se fue con Sofi para Ica para consultar por sus ojos y las restantes fuimos al BOOGIE...
Los boogies son unops autos de caño especialmente diseñados para andar por las dunas.
Las dunas de Huacachina llegan a medir (algunas) 200 metros de altura.
En la excursión, además de ir en boogie, mse hace sandboard.
El sandboard es parecido al snowboard pero en la arena.
Los conductores de boogies (y en especial el nuestro) son grandes sádicos que disfrutan de oir los gritos de sus pasajeros.
En nuestro boogie eramos todas mujeres... y gritonas.
El boogie supera la montaña rusa en emoción porque, además de igualar o superar las curvas, subidas y caídas libres de esta se le suma el vértigo que da el desquicie del conductor y la creciente paranoia (que despierta la necesidad de evaluar posibles golpes en caso que se de vuelta el boogie) de los pasajeros.
En cuanto al sandboard, la última duna tenía como 150 metros o más y una inclinación de 70º aprox. (o más), un pibe se calló y quedó en shok nervioso y, ensima, yo todavia no me había tirado.
Pero me tiré, sobreviví y me comí medio kilo de arena.
Mi recomendación es que si tienen la oportunidad lo hagan (si no tienen problemas cardíacos), pero yo no me vuelvo a subir.
Cuando volvimos al hostel nos fruimos directo a la pile para darnos un chapuzón y relajar, desestresarnos.
Esa noche comimos en lo de Arturo y compramos la excursión de Paracas del día siguiente. Excursión que incluía: Islas Ballestas y playas de Paracas y, al regreso, nos dejaba fuera de Paracas para tomarnos el bondi a Lima... (continuará)
Después de comer volvimos al restó del hostel y jugamos un truco con Guri (o Messi), un argentino que se fue a trabajar allá. A penas terminamos nos fuimos a dormir, al otro día el depertador sonaría a las 7.

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