Con, a lo sumo, 20 minutos de sueño (minutos que acumulé de las veces que cabeceé en el avión)bajé del avión, agarré mi mochi y me encontré con la oficina de Iperu cerrada, por lo que me dirigí a consultar a "los de los hoteles" y ellos me mandaron con los taxistas. Y ahí fue cuando conocí a Miguel...
-Vale aclarar que yo era la única mochilera en el aeropuerto y que no tenía ninguna referencia de precios-
Miguel me cobró 12 soles (porque regateé) hasta la plaza de armas, luego me enteré que el costo real es de 5 soles...
A penas subí, mi querido taxista empezó a contarme sobre los tours y los hostels: que hay un gringo que cobra carísimo y hace tours muy turísticos, que lo que combiene es contratar buenos guias, que los hotels no bajasn de 35 soles (mentira), que el día anterior había llevado a 4 argentinos, que esos argentinos se iban ese mismo día a un tour con la agencia de "Ulises", que tipo de tour era...
LLegamos y nos instalamos (lamentablemente no tengo fotos porque a penas llegué se me acabaron las pilas de la cámara, tal vez más adelante los chicos me pasen las suyas). El campamento contaba con una casota de madera cual escenario a la italiana (tenía su altura y le faltaba la cuarta pared) con 3 cuartos y 3 baños (sin puerta y con agua marrón, de los cuales funcionaban 2, en el tercero se caía el piso) y un techo con grandes huecos por los que se colaba la lluvia. Frente a la casota había un gran "quincho" sin paredes en el que dormían y cocinaban el guia y sus ayudantes (Carlos, "Aurelio", Juber y una señora de la que nunca supe el nombre, todos fueron muy amables y cálidos).
Cenamos a eso de las 19 y salimos de noche a dar una vueltita por la selva para conocer algunas plantas y bichos (unos días mas tarde por ese mismo sendero Pedro vió pasar a un felino grande de color gris plomo, suponemos que era un puma o los efectos del Tropicur).

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