lunes, 1 de marzo de 2010

Barquito día 3, Aventura día y noche 1.

Me levanté para el desayuno y ocupé las horas que me quedaban de barco en leer y escribir. A eso de las dos de la tarde la lancha arribó al puerto de Yurimaguas, ahora la cuestión recaía en conseguir transporte rápido y barato hasta Tarapoto.
Había unos camioncitos que llevaban carga y ofrecían transporte a solo 7 soles por cabeza (la mitad de lo q nos salía el motocarro más la combi), pero ninguno nos aseguraba salir de inmediato, mientras tanto los mototaxis insistían sin parar en llevarnos al lugar de donde salía el transporte "oficial" y que allí nos cobrarían solo 10 soles (muy improbable). Es muy dificil elegir en quién confiar en esas situaciones, nada nos garantizaba que los camiones salieran ya, nada que las combis siguieran saliendo y costaran solo eso. Finalmente elegimos un camión, pero a penas nos subimos la mafia motocarrera nos bloqueó el camino de salida y hasta le sacó al chofer la llave de la cabina...
Terminamos subiéndonos a otros 2 camiones con mucha carga y poco espacio, para que se den una idea en el nuestro viajaban dos hombres colgando del costado. La parte buena del asunto: hermosos paisaje que a cielo descubierto se aprecia mucho mejor.
Llegamos a Tarapoto a eso de las 17 y a penas nos bajamos nos dijeron que el último micro salía a las 17:30. Las chicas querían esperar a los chicos y yo salir volando a la terminal, así que nos dividimos.
Al llegar a la terminal me encontré con que los buses estaban llenos y que recién al otro día salían nuevos...
Por suerte me reencontré con los chicos y, ante las circunstancias, decidimos ir a ver que onda los camiones. El karma, Dios, el Diablo, el destino o la casualidad se  puso de nuestro lado y el primer y único camionero que encontramos nos dijo que nos llevaba y de onda (es decir, GRATIS -es para Ulises que lo mira por tv).
A eso de las 21 arrancamos en la parte de adelante de la carga (camión de doble acoplado...) con vista a las estrellas y un poco de viento que se colaba por los costados.
Fue una noche fresca y por primera vez justifiqué el haberme llevado mi bolsa de dormir. A la madrugada nos despertamos y, asegurandonos el estar lejos de cualquier control policial, le cantamos el feliz cumple a Cami.